Normativa española de cáñamo hace perder millones de euros porque no se puede procesar en el país


Las plantaciones de cáñamo con bajo contenido del psicoactivo THC se autorizan para usos industriales, cosméticos o medicinales. Los efectos beneficiosos sobre la salud del cannabidiol (CBD) también ha disparado el cultivo de este fenotipo del cannabis sativa. Productores como Josep Garcia (seudónimo), que cultiva 5.000 plantas en el Ebro, lamentan las trabas y requisitos que se los reclama, como garantizar la venta de la planta o beneficios por encima del coste de producción. Garcia denuncia que con el olivo «no piden que el aceite esté vendido» ni exigen beneficios en otros cultivos, todo lo contrario. También lamenta que la legislación española fiscalice las plantaciones y prohíba procesar el cáñamo. «Tenemos una normativa que nos hace perder millones de euros».

La demanda de cannabidiol (CBD) es alta en Europa. Es un componente de las plantas de cáñamo que se ha demostrado eficaz en el tratamiento de algunas enfermedades y problemas sanitarios crónicos. La marihuana CBD, o cáñamo industrial, tiene que tener en Europa un bajo contenido del componente psicoactivo tetrahidrocannabinol (THC), por debajo del 0,2% –el Parlamento Europeo ha propuesto aumentar el límite al 0,3%.

En diciembre del 2017, el Comité de Expertos en Drogodependencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) pidió que el cannabidiol puro (CBD) se retirara de las listas de los tratados internacionales de fiscalización de drogas, porque «ni es nocivo ni es adictivo» y es eficaz contra la epilepsia, reduce la ansiedad y tiene efectos positivos en el tratamiento de otros trastornos y enfermedades neurodegenerativas. «La normativa europea es muy clara, eso no es ninguna droga», dice Garcia.

El cultivo del cáñamo terapéutico está regulado en la política agraria común de la UE (Reglamento CEE 1672/2000, actualmente) y se tienen que plantar las variedades que constan al catálogo común de Plantas Agrícolas (2019/C13/01). La legalidad de los usos varía según los estados miembros, pero el 13 de febrero del 2019, el Parlamento Europeo aprobó una resolución que instaba a la Comisión Europea y los países miembros a ampliar los conocimientos y la investigación y que se permitiera el uso si los resultados eran favorables. Esta resolución señala que los convenios de Naciones Unidas y Derecho Internacional no prohíben el uso del cannabis para tratar enfermedades.

A finales del año pasado, el Tribunal Superior de Justicia Europea (TSJE) dictó una sentencia que crea jurisprudencia en la comercialización de productos de CBD. El TSJE considera que un estado miembro no puede prohibir la comercialización del cannabidiol legalmente producido en otro estado miembro si se extrae de las plantas enteras de cáñamo y no sólo de las fibras y entonces. El tribunal recuerda que el CBD no está incluido en las listas de fiscalización como sí que lo está el THC.

La Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS) otorga las licencias de las explotaciones destinadas a la producción de CBD. Según datos del Departamento de Acción Climática y Alimentación y Agenda Rural, en Cataluña se ha pasado de 106,78 hectáreas de cáñamo en 2018, a 167,69 hectáreas en 2021, cerca de la mitad en el Campo de Tarragona y las Terres de l’Ebre. No se especifica la producción de CBD que puede incluirse en las categorías de usos de comercialización, medicinal, experimental o combinado.

Para plantar cáñamo no se requieren permisos específicos del Departamento, pero se tiene que cumplir con toda la normativa que afecta a las explotaciones agrícolas: hace falta estar dado de alta como agricultor, registrar la plantación en el Departamento, hacer un informe de trazabilidad genética y comunicarlo a la policía y los consistorios.

Sin legislación para procesarlo


Esta falta de regulación para procesarlo y las contradicciones e incoherencias que se derivan es lo que lamentan los productores. Garcia considera que «las administraciones se han puesto las pilas» pero para frenar la expansión de este cultivo y asegura que «la legislación española fiscaliza esta planta como una droga». Como explica el productor ebrense, si los cuerpos policiales estatales les confiscan las plantaciones, sólo les queda defenderse ante la justicia y ampararse en la sentencia del TSJE. A los Mossos d’Esquadra se les comunica la plantación, así como a los ayuntamientos. «Los Mossos dicen que ya tienen bastante trabajo desmantelando las plantaciones de THC, van saturados y cada vez hay más conocimiento sobre el cáñamo. Los cuerpos policiales hace unos años presionaban mucho y solían ser un poco duros», ha explicado.

Los productores venden el cáñamo a laboratorios y empresas de fuera de España. Se tiene que coger y vender la planta entera porque en el estado español está prohibido manipularla. Garcia trabaja con empresas de países como Inglaterra –acaba de firmar un convenio con una empresa de cosméticos inglesa. El agricultor lamenta que se pierdan oportunidades de negocio. «No podemos abrir una empresa para procesar el cáñamo, pero España es una gran productora porque tenemos un buen clima. Tenemos una normativa que nos hace perder millones de euros porque no se puede procesar en el país», ha denunciado.

Cultivo fácil y rentable


El cultivo de CBD es «muy fácil de trabajar»: necesita poca agua, sufre pocas enfermedades, crece fácilmente y se aprovecha todo – flor y fibra. Crece durante el verano, es «foto-periòdica, se guía por la luz del sol». Cuando detecta que se acortan las horas diurnas, florece y saca el fruto, en septiembre o en octubre. Después se seca y se vende. Para su traslado, hay que llevar encima la factura de compra y una analítica de composición. «Si te paran los cuerpos policiales por la carretera, les das mucho dolor de cabeza hasta que comprueban que todo es correcto», ha apuntado.

Garcia asegura que los beneficios de la plantación son mucho mejores que los de cualquier otro fruto del mercado. Él replantó las dos hectáreas de cereal que tenía con las plantas de cáñamo. La producción también genera puestos de trabajo, sobre todo a la hora de recoger. «Generaría todavía más porque ahora tenemos que ir a otros países a procesar el producto. Perdemos muchos puestos de trabajo y mucho dinero por el camino», ha reivindicado.

Robos e incertidumbre


A pesar de estas ventajas, todavía hay reticencias a apostar por este cultivo, sobre todo porque no es fácil asegurar la venta de las plantaciones, hay muchas trabas burocráticas y hay miedo a los robos. La vigilancia en los campos tiene que ser constante, sobre todo por la noche, hace falta establecer sistemas de autoprotección o contratar guardias de seguridad privados. «Nos protegemos como podemos porque hay mucho ladrón en el sector. Los campesinos lo están pasando mal por este motivo», ha denunciado Garcia. «Los que te lo roban lo venden al mercado negro como si fuera marihuana con THC y engañan a quien se la venden», ha añadido.

Fuente: https://www.diarimes.com

https://bit.ly/2AxMIXp
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